"L'esmorzar,
la hora del té de los valencianos"

Eugeni Alemany,
showman, guionista & periodista.
@EugeniAlemany

Crecemos con "nuestras cosas", de forma tan habitual, que pensamos que son comunes a todo el mundo. Tal vez por eso, cuando alguien de fuera repara en ellas, no solo las desvela para si mismo, sino que te hace redescubrirlas a ti también. Por eso es bueno mezclarse con gente de otras latitudes. Porque el mestizaje tiene algo de aprendizaje propio.

Hace años, trabajando de reportero en "Caiga Quien Caiga", coincidí con profesionales de muy diversas procedencias. Desde argentinos, chilenos, andaluces a gallegos. Recuerdo en una ocasión que Gonzo, de Vigo, y uno de los periodistas más honestos que conozco, se me acercó después de un viaje por tierras valencianas. Gonzo conducía una sección de investigación social que se llamaba "Proteste ya" y que le obligaba a viajar por toda España entrevistándose, sobre todo, con alcaldes y funcionarios de ayuntamientos. Y un día, entre sorprendido y maravillado me preguntó, con ese acento gallego que dota de dramatismo hasta las preguntas más nimias:

-Eugeni, ¿qué pasa en tu tierra? Que siempre que vamos a algún ayuntamiento y preguntamos por alguien nos dicen: "no está... está almorzando".

"No está. Está almorzando". Y su desconcierto no sé si iba más porque alguien se hubiera ausentado en horario laboral para ir a "almorzar" o por la naturalidad con la que el otro funcionario le confirmaba que, efectivamente, fulanito no estaba porque se había ido al bar. "Porque ha ido al bar, pero vuelve en seguida".

Para los valencianos el almuerzo mañanero, l'esmorzaret, forma parte de nuestra cultura elemental. Da igual que sea un ayuntamiento o una empresa privada, multinacional o pyme. La hora del esmorzaret es sagrada. Ahora que está tan de moda el brunch los valencianos llevamos años de ventaja. Además, así como para comer o cenar se puede correr el riesgo de no acertar con el lugar, con el esmorzaret no hay error. Porque, como asegura el gastrónomo valenciano Paco Alonso (gran defensor del esmorzaret), su sencillez de elaboración facilita que hasta el cocinero más basto sea capaz de servirlo bien. Aquí la base es la calidad de la materia prima. Así que para el esmorzaret no busquen un bar de diseño ni un restaurante de moda. Si les pilla el hambre entre las 10 y las 12, busquen un edificio público y sigan a los funcionarios hasta el bar más humilde donde recalen. Y no se preocupen si se encuentran en un polígono industrial: los operarios de las fábricas son expertos en esmorzar en los sitios donde la relación calidad-precio merecería una mención Michelin.

¿Y qué hay que pedirse? L'esmorzar clásico se compone de entrepà+picadeta+bebida+cremadet L'entrepà. Bocadillo de tortilla, con ajos tiernos, de lomo con pimentón y all-i-oli, de cualquier variedad de embutido de los que podemos presumir en Valencia o incluso de figatell, la hamburguesa nacional valenciana. Una mezcla de magro de cerdo con hígado que han de probar si se encuentran por las comarcas de la Safor (por Gandía) o la Marina (Xàbia, Dénia, Altea...). Pero si solo les da tiempo para estar por Valencia ciudad, les recomiendo almorzar en el Bar Sena (Calle General San Martín, 2) y pedirse mi preferido: la mejor lleterola amb alls tendres (mollejas con ajos tiernos) de la ciudad. El Bar del Mercado de Rojas Clemente (Plaza Rojas Clemente), con su fantástico magro con tomate o el Bar Alhambra (Calle Calixt III, 8) donde probaran las reconocidas como mejores tortillas de patatas de España, en un lugar tan familiar que incluso tendrán que llevarse ustedes mismos las cosas a la mesa.

La picadeta. Un plato de aceitunas o salmuera, cacahuetes y altramuces es el kit básico del esmorzar. Si les apetece ir haciendo boca desde la distancia, sigan en twitter a @esmorzarpopular. La cuenta creada por un anónimo cuyo trabajo de comercial por toda la geografía valenciana le lleva por bares tan diversos que es una verdadero álbum del esmorzar popular valenciano.

Para beber pueden acompañarse de agua, refresco, una cervecita o vino. No mucho, porque recuerden que el esmorzar es un tente en pie energético para volver al tajo. Por eso es importante después tomar una buena bebida excitante como nuestro bombó (café con leche condensada), un café del temps (café con copa y hielo) o un "cremadet", algo más que un "carajillo". El "cremadet" es un flambeado de ron o brandy con canela, azúcar, corteza de limón y café. Actualmente la mayoría de bares ya no lo flambean ni elaboran tan minuciosamente. Sin embargo, en las comarcas de Castellón, este ritual no se ha perdido. Así que si quieren degustar un buen "cremadet" -y además son amantes les ciclismo- les invito a visitar Ca Paquita en la localidad de Eslida. Parada obligatoria para esmorzar del ciclismo amateur que pedalea por la maravillosa Serra d'Espadà.

El esmorzaret valenciano es nuestra parada británica para el té. Accesible a todos los bolsillos, porque es el brunch de la clase trabajadora. Y lejos de ser una excusa para el absentismo laboral, fortalece los lazos internos entre los trabajadores, dinamiza la economía hostelera (ya que añade un servicio "extra" a los bares) y, lo más importante, contribuye a la famosa creatividad profesional de los valencianos. Porque no lo duden: cuando un grupo de trabajadores va a esmorzar, sigue hablando de trabajo. Se lo digo yo, que algunas de las mejores ideas y soluciones empresariales las he tenido en una conversación distendida almorzando con mis compañeros, alejado de la presión del espacio de trabajo. Así que, en cierto modo, el esmorzaret es como nuestro peculiar I+D+I.

Tal vez tengan la ocasión de visitarnos y probarlo. Y tal vez, si son avispados, de exportarlo a sus lugares de trabajo. La productividad no solo depende de las horas de trabajo, también es importante el buen rollo en las relaciones laborales. Ay, el día que descubran el cremadet en Silicon Valey...