"Sierra Espadán,
mi lugar en el mundo"

Inma Pardo,
periodista, directora del programa SER Viajeros .
@InmaPar

Uno de los retos de hacer un programa de viajes, como SER Viajeros, es sorprender. Ofrecer cada hora de radio un destino especial, un rincón diferente. En el caso de la Comunitat Valenciana, a pesar de tratarse de un territorio que conozco bien, me sigue maravillando, después de cuatro temporadas en antena, el descubrir sugerentes parajes para disfrutar.

Y así me gusta contarlo. Como experiencias viajeras.  Algunos de los destinos que siempre recomiendo son Moixent, Fontanars dels Alforins y La Font. A una hora de Valencia y al suroeste de su provincia nos encontramos con la llamada Toscana valenciana por el parecido con los bellos parajes florentinos. Perderse un fin de semana por estas tierras supone conectar con la vida, sentir raíces y paladear un buen vino. Desde el cerro de Les Alcusses dominando el terreno, podemos iniciar un recorrido viajero en torno a los íberos en el marco de un paisaje en el que apreciamos toda una variada paleta de ocres y verdes.

Propongo al viajero dedicar un día a visitar algunas de las trece bodegas que, bajo la denominación de “Terres dels Alforins” ofrecen unos caldos de excelente calidad. Dejarse mimar en los restaurantes de la zona para probar una buena olla del pastor, o la gachamiga. Platos contundentes, con el sabor de los productos de la tierra y el aderezo ahumado de la leña. Para rebajar la comida, rutas de ciclo-enoturismo, que ofrecen kilómetros de paisajes plagados de viñedos, almendros y olivos.  Un camino que debe hacerse con pequeñas paradas para respirar y llenarnos de los aromas que varían según la época del año. Cita obligada es el poblado íbero de Les Alcusses, aunque para ver su escultura de bronce más famosa, El Guerrer de Moixent, se debe visitar el Museu de Prehistòria de València. 

Pero si hay un lugar en el mundo para mí es el Parque Natural de la Sierra Espadán. El segundo entorno protegido más grande de la Comunidad Valenciana. Cierro los ojos y vuelvo a mi infancia. Al olor del pino y la tierra mojada. A esas noches frescas de rebeca recorriendo los pueblos y aldeas en fiestas. Pequeñas poblaciones de estructura medieval como Aín, Almedíjar o mi querida Vall de Almonacid, con el castillo rehabilitado de Almonecir. Cierro los ojos y recorro como una niña las neveras, esos edificios de los siglos XVIII Y XIX que tanto me gustaban, imaginando casas de duendes. Tanta emoción contenida llegando hasta el Pico Bellota, en Chóvar, o el más alto, el Pico Espadán, desde donde se puede apreciar la belleza de lugares estratégicos de la Comunitat Valenciana. Senderos y rutas que siguen impresionándome en cualquier época del año. Con almendros en flor, en verano mojando los pies cansados en el rio Chico y recordando que en esas aguas frías aprendí a nadar. La belleza de sus alcornocales, esa auténtica Selva Mediterránea, rutas que nos enseñan cómo se puede vivir de la naturaleza sin destruirla, con la extracción del corcho. No imagino ningún destino mejor, que ha resistido el paso del tiempo con su impetuosa belleza.